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Cuando ser fuerte pasa factura: perfeccionismo, autoexigencia y dolor persistente

Foto del escritor: Rosana Huerga
Rosana Huerga
20 abr
2 min de lectura

Hay personas que llevan años intentando hacerlo todo bien. Ser responsables, no fallar, estar para todo el mundo, aguantar más de la cuenta y seguir incluso cuando están agotadas.

Muchas veces, desde fuera, parecen personas fuertes y capaces. Pero por dentro viven con una exigencia constante. Y esa forma de sostener la vida, durante demasiado tiempo, puede acabar pasando factura.

A veces se nota en forma de ansiedad, insomnio, cansancio o irritabilidad. Otras veces, también en forma de dolor persistente: un dolor real, frecuente, muchas veces invisible, que no siempre se explica del todo en una prueba médica, pero que afecta profundamente a la vida de quien lo sufre.

No significa que “todo sea psicológico”. El dolor es real. Pero sí sabemos que el cuerpo, el sistema nervioso y la historia emocional están relacionados.


Cuando vivir por encima de tus límites se convierte en normal

Muchas personas con dolor persistente han aprendido a ignorar lo que sienten. A seguir pese al cansancio. A minimizar el malestar. A exigirse incluso cuando ya no pueden más.

No siempre lo hacen por ambición. A veces lo hacen porque, en algún lugar profundo, sienten que tienen que demostrar que valen, que pueden, que no molestan, que merecen ser queridas o aceptadas.

Ahí es donde el perfeccionismo deja de ser solo una forma de hacer las cosas. Se convierte en una manera de sobrevivir emocionalmente.


El cuerpo también expresa lo que sostienes

Cuando una persona vive durante años en tensión, intentando llegar a todo, sin escucharse y traspasando sus propios límites, el organismo puede mantenerse en un estado de alerta sostenida.

Eso puede traducirse en tensión muscular, agotamiento, hipervigilancia, dificultad para descansar y, en algunos casos, también en dolor persistente.

No hay una causa única para este tipo de dolor. Sería simplista decirlo así. Pero la autoexigencia, el estrés mantenido y la desconexión de una misma sí pueden influir en cómo el cuerpo se va sobrecargando con el tiempo.


El dolor invisible de querer ser perfecta para pertenecer

Muchas mujeres han crecido sintiendo que debían ser buenas, responsables, válidas, útiles y fuertes para ser queridas. Que no podían fallar. Que tenían que poder con todo.

Cuando esa exigencia se vuelve interna, descansar genera culpa, poner límites da miedo y pedir ayuda se vive casi como un fracaso.

Entonces el cuerpo, muchas veces, termina mostrando lo que la persona ha callado durante años.

No porque sea débil. Sino porque lleva demasiado tiempo sosteniendo más de lo que puede.


Empezar a salir de ahí

Salir de este patrón no consiste en rendirse. Consiste en empezar a escuchar lo que durante mucho tiempo quedó en segundo plano: el cansancio, el dolor, la necesidad, el límite.

A veces, detrás del dolor persistente, no solo hay un cuerpo que duele. Hay una historia de autoexigencia, de perfeccionismo y de esfuerzo constante por ser suficiente.

Comprenderlo no lo resuelve todo, pero puede ser el inicio de una relación más amable contigo misma y con tu cuerpo.


Si convives con dolor persistente y sientes que llevas demasiado tiempo exigiéndote más de lo que puedes sostener, quizá no necesites apretarte más, sino entender mejor qué te está pasando.

En terapia, este puede ser un espacio para empezar a hacerlo.

 
 
 

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© Creado por Rosana Huerga

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